Este artículo analiza la participación de América Latina en los festivales culturales panafricanos de la época de la Guerra Fría, centrándose en dos eventos principales: el Primer Festival Mundial de las Artes Negras (FESMAN, Dakar, 1966) y el Segundo Festival Mundial de las Artes y la Cultura Negras y Africanas (FESTAC, Lagos, 1977). Examina cómo Cuba y Brasil, en particular, movilizaron la diplomacia cultural y la representación artística para afirmar su pertenencia a un imaginario panafricano global. Mientras que Cuba se posicionó como una nación revolucionaria con fuertes lazos con África a través de su apoyo a los movimientos anticoloniales, Brasil enfatizó sus vínculos culturales e históricos con el continente mediante narrativas de democracia racial y herencia afrobrasileña.