¿Cómo acortar la brecha entre quienes están viviendo la guerra y el desplazamiento y quienes observamos desde lejos, abrumades por la impotencia y la culpa? ¿Cómo habitar la distancia de nuestras sufridas matrias mientras nos adaptamos a nuevos y ajenos territorios? ¿Cómo reclamar la vida, la alegría y la esperanza en tiempos de muerte, despojo y colapso? Esta reflexión surge del intento continuo por vivir con estas preguntas que fueron apareciendo desde que dejé Argentina en 2017. En lugar de ofrecer respuestas, busco compartir herramientas y pensamientos que puedan ayudar a otres a navegar preguntas similares. Invoco, o espero, que esta lectura sea sostenida por la ternura y sin miedo a las vulnerabilidades que aparecen cuando reconocemos el estado del mundo.